Green New Deal

«El cambio climático podría convertirse en una fuerza galvanizadora para la humanidad: algo que nos impulse no solo a buscar una situación de mayor seguridad frente a los nuevos fenómenos meteorológicos extremos, sino también hacia unas sociedades más seguras y más justas en otros muchos sentidos.» Naomi Klein

«Detener esta deriva hacia el estancamiento secular requiere que el Estado piense en grande.» Mariana Mazzucato

«Lo importante para el gobierno no es hacer cosas que ya están haciendo los individuos, y hacerlas un poco mejor o un poco peor, sino hacer aquellas cosas que en la actualidad no se hacen en absoluto.» John Maynard Keynes

 

El Green New Deal

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC) ha puesto fecha de caducidad a nuestro planeta: 2030. Durante la próxima década estará en nuestra mano revertir el deterioro y poner en marcha medidas paliativas.

Frente a la inmovilidad de los poderes y gestores económicos, han aparecido multitud de iniciativas por todo el mundo exigiendo un cambio de paradigma.

El Green New Deal, movimiento que emergió a comienzos del nuevo siglo de la mano de organizaciones ecologistas y partidos verdes, busca unir políticas económicas, sociales y de conservación, hibridando la lucha contra el cambio climático con una perspectiva social que tenga en cuenta también cuestiones como la equidad, la justicia racial y las reivindicaciones del feminismo y el movimiento LGTBI.

El contexto valenciano

La sociedad valenciana no es ajena a esta deriva ecológica y social. Desde los años 70 hemos sufrido un lento declive del sistema productivo en paralelo al crecimiento de una economía de servicios de bajo valor añadido y fuerte contenido especulativo. La Burbuja Inmobiliaria generó un efecto riqueza que ocultó durante un tiempo los problemas subyacentes de la economía al mismo tiempo generó otros nuevos. La crisis de 2007 y la recuperación incompleta, han dejado como balance un paisaje devastado en términos sociales, medioambientales, económicos y de vertebración del territorio.

La mayor parte de la población y de la actividad económica se concentra en el litoral con un impacto sobre el entorno cada vez mayor.

Los incendios forestales se han ido agravando y también las sequías, especialmente en las comarcas del sur.

Entre 2005 y 2014 el suelo desnudo y la superficie quemada aumentaron un 33,8%.

A día de hoy el 75% de la línea de costa de la Comunitat Valenciana está urbanizada y somos la segunda autonomía con los ecosistemas costeros más degradados.

Mientras tanto el interior se ha ido despoblando dejando media de edad muy superior al conjunto. La densidad poblacional de las comarcas costeras es de 400 habitantes por km2, mientras en las comarcas del interior es de 25.

En términos económicos, en 2018 se logró recuperar por fin el nivel del Producto Interior Bruto previo a la crisis, sin embargo, no han revertido ni el paro, ni la pobreza, ni la desigualdad.

En relación al resto de España, la Comunitat Valenciana fue junto con Asturias la autonomía más afectada por la crisis y nuestra renta per cápita es actualmente un 11,6% inferior a la media estatal.

Según datos del Observatorio sobre la pobreza y la exclusión, el 60% de las familias valencianas tienen problemas para llegar a final de mes, el 47% no puede afrontar gastos imprevistos y 4 de cada 10 no pueden irse una semana al año de vacaciones.

Los 4 años del Botànic

En 2015 se logró formar un Gobierno de signo distinto al del PP que había gobernado la Generalitat Valenciana durante los 20 años anteriores. Ese cambio fue posible en base a un acuerdo entre diferentes fuerzas políticas en el denominado Pacte del Botànic. Durante los últimos 4 años se han producido avances innegables en términos de regeneración institucional, tras años de escándalos por corrupción. Además, se ha iniciado la reversión de los recortes en nuestro sistema de bienestar: la educación, la sanidad y los servicios sociales.

Sin embargo el balance del Botànic aunque positivo, no es suficiente. En términos de modelo económico y de políticas medioambientales, el Consell ha fallado, no teniendo un planteamiento claro, dejándose llevar por las inercias del pasado y por determinados lobbies empresariales. A menudo, Podem se ha encontrado con la oposición activa o el bloqueo pasivo del Consell a políticas con sello del Botànic: el impuesto sobre la actividad turística, la gestión de residuos o el proyecto de Puerto Mediterráneo son algunos ejemplos en ese sentido.

La sociedad valenciana va por delante de los partidos exigiéndonos una mayor valentía y decisión a los gobernantes para abordar los grandes retos del presente.

La próxima legislatura tiene que encarar de una vez por todas la crisis ecológica y el aumento de las desigualdades sociales con una apuesta valiente por un nuevo modelo económico basado en la equidad social y en la sostenibilidad ambiental. Debe ser la legislatura de la transición hacia una sociedad  y una economía verde.

El papel de las instituciones

Durante las últimas cinco décadas se ha ido haciendo fuerte la idea de que el Estado debía ocupar un papel subsidiario en la sociedad. En la medida en que el neoliberalismo ha ido haciendo mella, se ha desplegado toda una estrategia de debilitamiento del Estado a través de la desregulación de los mercados, de las contrarreformas fiscales en beneficio de quienes más tienen y de toda una serie de privatizaciones de empresas y servicios públicos.

Sin embargo, a la vista de los acontecimientos de los últimos años, parece evidente que se ha sobrevalorado la capacidad de los mercados para gobernarse a sí mismos y que es necesario el liderazgo de las instituciones para a abordar los problemas a gran escala que enfrentamos. El papel de las Administraciones Públicas ha sido clave a lo largo de la historia para promover el desarrollo económico, para generar procesos de innovación trascendentales y para evitar el colapso de nuestras sociedades.

Las actuaciones frente a los retos sociales y medioambientales que se nos presentan, han de englobar todos los ámbitos. Cada administración y cada ciudadano ha de ser corresponsable y partícipe. La Generalitat Valenciana tiene competencias para revertir la situación en que nos encontramos y, además, servir como referente que pueda expandirse y replicarse en el resto de España y en el resto de Europa.

Un acuerdo social verde

La propuesta que planteamos pretende que la Generalitat Valenciana asuma su responsabilidad a la hora de abordar y coordinar una transición ecológica justa e inclusiva vinculada a una modernización de nuestra economía y a la mejora de las condiciones de vida de sus ciudadanas y ciudadanos.

En ese sentido este plan señala seis objetivos principales:

  1. Modernizar nuestras infraestructuras, nuestra industria y nuestro comercio avanzando hacia una producción limpia y una economía circular.
  2. Crear  miles de empleos verdes, con salarios y condiciones de trabajo dignas.
  3. Establecer  el derecho humano al medioambiente, al agua, al aire y a la alimentación saludable.
  4. Impulsar una transición energética hacia la generación 100% renovable que nos permita descarbonizar nuestra sociedad, aumentar nuestra autonomía energética y frenar el cambio climático.
  5. Fomentar la equidad y la justicia social.
  6. Vertebrar el territorio, hacer frente a la despoblación y garantizar los derechos sociales en el medio rural.
  7. Participación y empoderamiento de la ciudadanía en este proceso de cambio.

Ejes y proyectos

Los objetivos que hemos citado no pueden limitarse a ser fines abstractos sino que deben traducirse en proyectos concretos que sean mensurables en términos de impacto, que por tanto puedan ser objeto de fiscalización y que cuenten con una financiación adecuada y una programación acotada. A través de los distintos proyectos propuestos es posible observar que los objetivos propuestos no sólo no son incompatibles sino que pueden reforzarse y retroalimentarse.